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Nick: HELIOGOBALO

Viajar es despegarte de tu mundo por un tiempo.

 EN LA SALUD Y EN LA ENFERMEDAD(BRASIL)

 Escribe el relato: julio

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Todo listo, dice la mujer mientras cuelga el móvil, no esperan en el hospital. Así que con la angustia y la preocupación reflejada en el rostro de todos acompañamos a la mujer y al renqueante Arturo al honda plateado que les llevara al Hospital. Salimos a la calle y abrazados en una reconfortante unión familiar vemos como el coche se pierde calle abajo en la noche.

 

Aunque en esos momentos, no lo pareciera, todo había empezado bastante bien. Para ello debemos retrocedernos a un par de días atrás, justo al día de nuestra llegada a Belo Horizonte.

 

Hemos aterrizado en el más pequeño de los dos aeropuertos de la ciudad en un pequeño avión de hélices que nos ha traído desde Rio de Janeiro. Desembarcamos por medio de una escalerilla y un sol esplendoroso nos recibe en esta ciudad del interior brasileño mientras andamos por la pista hasta acceder al edificio de la terminal. Parados delante de los ventanales vemos como descargan nuestras maletas del avión y como poco después el tractor avanza con el equipaje hasta llegar a la zona de recogida. Al instante casi mágicamente una de las dos cintas de equipajes, se pone en movimiento. Observamos como los operarios cuidadosamente ponen las maletas en las cintas. Las nuestras son de las primeras en aparecer. No creo que hayan pasado más de quince minutos desde que aterrizásemos hasta que estamos abriendo la puerta del taxi.

 

Mientras avanzamos por la autopista, camino de nuestro destino, observo la ciudad a través de la ventanilla. Esta es la zona universitaria nos comenta el taxista, señalando a nuestra izquierda unos edificios de tres alturas de tipo neoclásicos, bóvedas, escaleras que acaban en pórticos llenos de columnas, ventanas enmarcadas en mármoles y rodeados de zonas ajardinadas. El coche acelera para adelantar al pequeño autobús que une el aeropuerto con el centro de la ciudad. Me concentro en el paisaje, a nuestra derecha hay un parque mal cuidado o puede que sea un bosque bastante denso. El taxista coge una salida, Padre Eustaquio está escrito en la señal de tráfico debajo de una gran flecha, y nos introducimos en lo que parece una autopista de circunvalación. Talleres de reparación de automóviles, edificios de oficinas, almacenes de electrodomésticos, gasolineras, algunos bloques de casas se agolpan a ambos lados de la carretera.  La ciudad se desparrama por diversas colinas ante nuestros ojos. Nuevamente pasamos ante una nueva señal que indica la calle Padre Eustaquio, el taxista coge la salida indicada por la señal, dejando atrás la autopista. La calle se acomoda a la colina y empieza a empinarse, los negocios al por mayor, dan paso a pequeños supermercados, peluquerías y tiendas de regalos, los bloques de tres y cuatro plantas, se alternan con manzanas de casas bajas. Edificios nuevos junto a otros que parecen que llevan allí desde la fundación de la ciudad en los años 20 del pasado siglo. Según vamos ascendiendo, toda Belo Horizonte es una sucesión de subidas por colinas y sus correspondientes bajadas, el aspecto de la calle, de los edificios, de los negocios va cambiando, haciéndose con cada curva más elegante y exclusivo, aunque sin llegar al pijerio.

 

Por fin estamos circulando por la calle padre Eustaquio, y giramos por calles de nombres como Cesario Alvim, me pregunto al verlo quien sería el hombre que hay detrás de ese nombre para merecer una calle, quizás un alcalde o un abogado famoso o quizás un prócer de la patria. Mis pensamientos se ven detenidos cuando paramos ante una gran puerta negra. Hemos llegado a nuestro destino, en el número 1317 de la Rua Riachuelo, En ese momento estoy muy lejos de imaginar que ese pequeño rectángulo que termina de formar con la Rua Curral del Rei y que tiene apenas 100 metros de largo por 60 de ancho, será casi todo lo que llegue a ver y conocer durante mi estancia de cinco días en esta ciudad brasileña capital del estado de Minas Geraís.

 

Pero quizás antes de seguir y tal como ocurren en los libros de teatro o en las películas de Tarantino, aunque esperemos menos sangriento que estas, convendría hacer una rápida presentación de los personajes.

 

Adri y yo: Los sospechosos habituales.

Mauricio: Popularmente llamado Mauro y hermano pequeño de Adri y obviamente mi cuñado

Carolina: Popularmente llamada Caro y hermana pequeña de Mauro y Adri, lógicamente también es mi cuñada.

Myra: Madre de Adri y mi querida suegra.

Arturo: Padre de Adri y también mi querido suegro.

Simone: Novia de Mauro y en seis días su futura esposa.

Natalia: Hermana de Simone y nuestra anfitriona,

Coro: Resto de personajes que ayudan al desarrollo del relato

 

Por fin llegamos a la casa de la hermana de la que en seis días se convertirá en nuestra cuñada. Dejamos las maletas en el suelo y tocamos un timbre diminuto que hay al lado de la inmensa puerta pintada de negro. Casi al instante, se asoma por una portilla una mujer joven y sonriente que tras mirar a ambos lados abre la puerta totalmente. Nos saluda en un muy buen castellano, posteriormente descubriremos que es profesora de español en la universidad.

 

- Hola, sois Julio y Adriana ¿verdad? Pasad- dice haciéndose a un lado.

- Sí, hola -decimos mientras entramos

Nada más entrar, la mujer cierra la puerta tras nosotros y nosotros volvemos a dejar las maletas en el suelo

-Bienvenidos -nos dice en portugués, mientras nos da un beso y un abrazo-  estábamos impacientes por conoceros

 

Mientras nos saludamos hecho un rápido vistazo a la casa, es un chalet que parece bastante amplio y nuevo, rodeado de un bonito jardín con césped y flores de mil tipos.

Puede que en este instante sea conveniente hacer una pausa en el relato y contar cual es el motivo por el que estamos llamando a la puerta de un chalet en el que vive gente que no conocemos pero que conoce nuestros nombres, con más maletas de las que solemos llevar de viaje y que además nos brinda su casa y nos reciba tan amablemente y ¡sin tener pagar!, Aunque imagino que por lo contado hasta ahora está claro, estamos aquí para asistir a la boda de Mauricio con Simone.

 

Somos los primeros en llegar, mis suegros al igual que Caro llegaran mañana por la mañana en un vuelo desde Sao Paulo donde están haciendo escala.

 

Natalia nos acompaña a la que será nuestra habitación para dejar las maletas. Después de una ducha rápida y cambiarnos la ropa del viaje por algo mas cómodo nos reunimos con ella en el salón. Es una salón amplio y luminoso, decorado con un estilo que yo llamaría brasileño. Muebles de madera, sillones de cuero, jarrones con flores, pequeñas artesanías que cuelgan de las paredes y adornan la mesa. Nos sentamos en el gran sofá de cuero marrón que ocupa un lateral y nos ofrece algo de tomar, le aceptamos un poco, aun no tenemos confianza, de vino. Sirve tres copas y se sienta a nuestro lado. Poco después le estamos contando de nuestras aventuras en Rio de Janeiro, nos dice que ellos van poco a Rio, que no les gusta la ciudad y que sí, que efectivamente hay mucha delincuencia y que afortunadamente solo nos robaron y no hubo violencia.

 

Mientras estamos de charla llegan Mauro y Simone. Tras los abrazos y besos de rigor se unen a la conversación y al vino. Después de un rato más de conversación nos dicen de dar un paseo y acercarnos hasta un pequeño bar cercano que hay en la esquina de la calle. Es un bar de paredes blancas que se abre a la calle con unas cuantas mesas de madera colocadas dentro del local y otras pocas puestas directamente en la calle que no llegan a ser una terraza. Es un sitio coqueto, de barrio, con alma, con fotos en blanco y negro que cuelgan de sus paredes con desconchones. Un bar qué si yo viviese aquí, no tengo dudas, se convertiría en mi bar. En el interior un par de mesas están ocupadas por lo que parecen parroquianos habituales. Nos sentamos en una de las mesitas de fuera y pedimos una cerveza. Nos la traen junto en el ya familiar poliespam para mantener la botella fría y los pequeños vasos.

 

Nos despertamos temprano y aun así ya oímos ruidos en la cocina. Nos vestimos y vemos a Simone y a su hermana atareadas haciendo el desayuno. Caigo en la cuenta que pese a que nosotros estamos de vacaciones hay gente que tiene que trabajar. Compartimos un café y unas tostadas y dejamos que Natalia se vaya a dar sus clases.

 

Mientras esperamos la llegada a media mañana de mis suegros que vienen de Lima y a Caro, que viene desde Bs.As., pasamos la mañana con Mauro y Simone. Paseamos por Belo Horizonte que resulta ser una ciudad tranquila y ordenadas, una ciudad bastante joven y que es la capital del estado. Descubrimos su inmenso mercado central, somos unos apasionados de los mercado de las ciudades, consideramos que si no has visitado el mercado de la ciudad no has conocido realmente la ciudad, un inmenso espacio en el que en varias plantas, puedes comparar desde animales vivos y flores a salsas picantes, pasando por cestos, juguetes, artesanía y claro frutas, verduras, quesos, todos elaborados en la zona, carnes y pescados y donde en un restaurante que hay perdido entre el bosque de puestos comemos un plato  llamado pequeño minero, que es un contundente guiso de frejoles con carne, que puede parecer poco apropiado para estas latitudes y calores, pero que tiene todo su sentido si sabemos que es el plato que comían los mineros que trabajaban en las minas de oro que dan nombre al estado tras su dura jornada laboral,  para hacerlo más liviano lo acompañamos de una rica cerveza artesana que producen ellos mismos.

 

Suena el móvil de Mauro y vemos como se le tuerce el gesto. El vuelo de mis suegros y cuñada está retrasado en Sao Paulo y no llegará hasta la tarde.

 

Así que después de culminar la comida con un helado de açai, decidimos que la mejor forma de digerir la comida es dar un paseo por la ciudad, así que en lugar de coger el coche decidimos andar. Paseamos tranquilamente, hace calor el camino es empinado y teneos la barriga llena, por una amplia avenida bajo la sombra a estas horas muy agradable que nos proporcionan los árboles que jalonan la acera, nos adelantan patinadores y ciclistas, en nuestro camino se mezclan edificios nuevos de acero y cristal con otros más antiguos de pequeñas ventanas y fachadas recubiertas de mármol. mientras caminamos Simone nos cuenta cosas sobre la ciudad. Al fin llegamos a nuestro destino: la Praça da liberdade.

 

La plaza es un gran jardín en pleno centro de la ciudad, con un bonito templete blanco en su centro y muchas fuentes y bancos a la sombra de inmensos árboles de frondosa hojarasca, con multitud de niños gritando y correteando por todos lados y una cantidad no menor de vendedores de golosinas y globos. El parque está rodeado por un sinfín de museos y espacios culturales que además de su interés intrínseco suelen estar en edificios con una arquitectura muy señalada, alguno de ellos realizado por el mismo Niemeyer. Tras recorrer el parque un par de veces y acercarnos a ver el Palácio da Liberdade, un bonito palacio de estilo eclético de reminiscencias francesas y sede del gobierno regional, decidimos entrar a uno de los museos de la zona, concretamente en el Centro Cultural del Banco de Brasil donde hay una exposición sobre las luchas sociales y antirracistas de los años 60 en el Brasil. Reconozco que es un tema del que no tenía ni idea, pero me gusta la exposición y la disfruto. Aprovechamos también para sentarnos en la cafetería, tomar un refresco e ir al baño. Ya que, aunque en el mapa la distancia entre el mercado y la plaza parece poca, la verdad es que hay un paseo y además como decía al principio todo el recorrido es cuesta arriba y hemos terminado cansados.

 

Mauro nos dice que por fin sus padres ya han llegado así que decidimos volver a la casa para recibirlos y hacer los planes para el día siguiente, sin saber que una vez más el destino había elegido por nosotros.

 

Al final esa noche acabamos toda la familia, la que es y la que será, sentados alrededor de un par de mesas cenando unas raciones en un céntrico restaurante de Belo Horizonte al que nos han invitado la familia de nuestra futura cuñada. La cena transcurre entre preguntas sobre cómo ha sido el viaje, explicaciones de los motivos de los retrasos en Sao Paulo y risas varias. Mientras por la mesa desfila un menú sencillo pero rico: Cosinhas y bolinhas diversas, el famoso pan de queso, pururuca que no son más que nuestros torreznos y de plato fuerte una carne a la brasa. De postre unos canutillos rellenos de dulce de leche y una verdadera exquisitez de la zona que se come en pequeñas porciones y que se llama Goiabada, un dulce hecho de guayaba, agua y azúcar. Para ayudar a la digestión, tomamos unas pingas, chupitos, de cachaza.

 

En el transcurso del viaje de regreso a la casa de Natalia, Arturo empieza a sentirse indispuesto. No le damos más importancia y lo achacamos al cansancio, los nervios del retraso y las emociones de un día largo e intenso,

 

Natalia no duda en llamar a su tía, doctora en el principal hospital de la ciudad para que venga a la casa y le eche un vistazo a mi suegro que cada vez tiene peor cara. Al poco la mujer está auscultando a Arturo y haciéndole una serie de preguntas. Nos dice que puede que mi suegro haya podido sufrir un pequeño ataque al corazón, que va a llamar al hospital para conseguirle una cama y hacerle algunas pruebas,

 

Coge el teléfono y llama a alguien en el hospital, La oigo hablar en portugués.

 

Pero volvamos al principio. Tras ver como las luces traseras del coche se pierden calle abajo, deshacemos el abrazo y cabizbajos entramos de nuevo en la casa. Mentiría si dijese que esa noche dormimos y descansamos.

 

El día siguiente transcurre entre llamadas al hospital y una montaña rusa de emociones hasta que a última hora de la tarde le dan el alta, no ha sido nada, pero debe estar en reposo y no salir de la casa, además es posible que no pueda desplazarse para ir a la boda. No importa, todo son abrazos y alegrías. Rápidamente se realiza un conclave familiar, hay que decidir quién se queda con Arturo si no puede ir al matrimonio.es una cuestión de sencilla y que tiene poca discusión. Lógicamente los novios no podían faltar a su boda, al igual que Myra y Caro así que somos Adri y yo quienes nos quedaremos en la casa.

 

Los días siguientes se vuelven monótonos, transcurren lentos, iguales unos a otros, entre cuidados al enfermo y fugaces visitas al supermercado. Vemos como Arturo mejora, pero la doctora nos dice que aún es pronto y debemos ver como evoluciona. Las visitas planeadas a la ciudad de Ouro Preto y otros enclaves de Minas Gerais, son sustituidas por breves paseos por el pequeño jardín y partidas de carioca, el popular juego de cartas al que es adicto la familia.

 

Tres días antes de la boda nos quedamos solos, todo el mundo se ha ido ya al pequeño pueblo de Pompeu donde se celebrará la boda. Natalia y su marido esperaran hasta el mismo día de la boda para desplazarse y ver si al final podemos ir todos juntos. Solo nos queda confiar.


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